Despropósitos jurídicos

DESPROPÓSITOS JURÍDICOS

Siguiendo en un tono de humor y desenfado, pasaremos a reproducir dos recientes anécdotas judiciales, completamente verídicas…

Recurso de apelación presentado en el juicio de faltas 48/02 de un Juzgado de Girona: “no estoy de acuerdo con la Sentencia porqué, de haberme presentado a la hora citada, la Sentencia podría ser otra. El motivo por el cual llegué 10 minutos tarde, es que justo cuando decidí salir de casa para presentarme a la citación, me entraron ganas de cagar y no podía aguantarme, y por estos motivos presento recurso de apelación”.

Sentencia dictada: “Se alza la parte recurrente frente a la resolución de la instancia sobre la base de un singular motivo el de que llegó 10 minutos tarde al acto del juicio, lo que impidió su comparecencia, porqué cuando decidió salir de casa para presentarse a la citación le entraron ganas de cagar y no pudo aguantarse. Simple y llanamente así. Sin duda alguna, en la tesitura de escoger entre una y otra deposición, por evacuación del vientre, otra, por manifestación ante el Juez como acusado, cualquier persona habría de optar por la primera por los graves apremios que supone el caso de no ser satisfecha esa necesidad fisiológica, siendo poco higiénica la presentación ante un tribunal en otras condiciones que no sean las de un completo descargo. Precisamente el recurrente sostiene que por hacer una cosa no pudo hacer la otra, lo que le supuso la inasistencia al acto del plenario y la condena por atender el juzgador a una sola de las versiones. Sin embargo, pese a lo expuesto con anterioridad no podemos acceder a lo que se nos solicita porqué la parte ni demuestra la existencia del sorpresivo apretón que refiere, ni acredita que, cuando después de sofocar sus presurosas consecuencias, acudió inmediatamente al acto del juicio, éste ya había concluido. Mucho nos tememos que la que el recurrente llama causa de su inasistencia no sea sino una forma de burlarse de la administración de justicia que le ha condenado, que si bien admitimos con sentido del humor desdeñamos como motivo de apelación”.

Sentencia dictada por la Sección 3ª de la Audiencia Provincial de Cantabria en el recurso de apelación 293/2005: “Lo dicho hasta aquí se ha hecho por este magistrado como profesional encargado de administrar justicia. Más la respuesta dada en poco puede incidir y cambiar la situación de las personas intervinientes. Dando por supuesto su consentimiento o al menos la no oposición, permitan, BRUNO y LAURA, verdaderos protagonistas del litigio, que les añada una nueva consideración que les pueda servir para su situación real y existencial como personas, unidas en matrimonio. Hay que partir, como premisa fundamental de que se admita la existencia de Dios, que ha creado el hombre/mujer para ser Señor de toda la creación y llamado a compartir su misma vida. También admitir la existencia del Maligno, que se reveló contra Dios y que se constituye en el principal enemigo del hombre, al intentar romper ese lazo de amor que está llamado a compartir. La situación vuestra BRUNO y LAURA es la de toda criatura, que está iluminada por la escritura. Dice en efecto el Génesis (capítulo 2 y 3) y Dios impuso al hombre este mandamiento: de cualquier árbol del jardín puedes comer, más de árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás so pena de muerte. La serpiente que era el más astuto de todos los animales dijo a la mujer: ¿Cómo es que Dios os ha dicho que no comáis de ninguno de los árboles del jardín? Respondió la mujer a la serpiente: podemos comer del fruto de los árboles del jardín más del árbol de la ciencia del bien y del mal que está en medio del jardín ha dicho Dios: no comáis de él que el día que comiereis moriréis sin remedio. Este mandato está dirigido a todo hombre/mujer y por tanto también estaba destinado a ti BRUNO, esposo de LAURA. Compartías la vida con tu mujer, tenías una hija, tenías salud, y es de suponer que disfrutabas de las condiciones necesarias para vivir una vida normal y de agradecimiento a Dios. Sin embargo, apareció en tu vida una mujer mucho más joven que tu esposa, y que tú suponías podía hacerte más feliz. Apareció también el Maligno y te dijo: ¿Cómo es que Dios te prohíbe comer de ese árbol? Come y serás como Dios conocedor del bien y del mal. Y tú, como Adán no obstante ser consciente de los muchos árboles de tu vida que puedes disfrutar viendo que este fruto prohibido era apetecible a la vista y bueno para lograr sabiduría, entendida como lo socialmente correcto, te eregiste en decisor de lo que es bueno y malo y comiste del árbol. Y como con Adán y Eva, surgió el infierno en vuestro matrimonio y vuestra familia, generando la separación y la huida, y los problemas que sólo vosotros conocéis. Pero ante esta situación de sufrimiento y de esclavitud es posible la reconciliación. Y digo situación de esclavitud porqué todo tiene su base en que has creído que Dios no es amor porqué te ha prohibido un fruto apreciable a la vista y alabado socialmente. Y afirmar que Dios no es amor es afirmar que Dios no existe, y entonces se ponen todas las esperanzas en esta vida temporal, y como esta vida, la tienes sólo dentro de unos límites, quieres a toda costa beberla en su integridad, rechazando todo lo que te lleve o suponga la muerte; y como tu mujer, a una determinada edad, supones tú, ya no me puede dar, en sexo, afectividad o carácter, la vida que yo anhelo, pues me voy a beber de otra fuente que estimas, menos gastada. Os digo que la verdadera justicia para vuestro matrimonio está en la reconciliación ¿Por qué? Porqué Jesucristo, cogiendo las debilidades y rebeldías de todos murió por ellas y las destruyó, pagando el precio de nuestros pecados y a cambio, resucitado por el espíritu nos regaló la vida eterna y dejó en la Iglesia ese espíritu vencedor de todo tipo de muerte. De forma que ahora es posible no comer de esos frutos que Dios conocedor del bien y del mal, señala como prohibidos, porqué nos conducen a la muerte. Y es posible porqué se tiene la esperanza en una vida eterna y por tanto, que nadie la puede quitar. Es cuestión de que, BRUNO y LAURA, pongáis en medio de vuestras vidas el espíritu de Jesucristo resucitado, capaz de llenar el anhelo de vida que tiene vuestro corazón. Y por eso tenéis que acudir a quien dispone de esa fuerza salvadora que es la Iglesia Católica, diciendo a sus ministros que queréis participar y comer de ese fruto, que es posible que se encuentre dormido, pero que, soy testigo, es real y que os digan el camino de iniciación para poder experimentar ese espíritu que es vencedor de toda situación de muerte. Perdonadme esta disquisición, que os ofrezco a vuestra libertad, y que entiendo como algo bueno y la mejor justicia que como magistrado, que aspira a ser cristiano, pretende dispensaros”.

UN NUEVO ESCÁNDALO JUDICIAL EN USA: Unos pantalones de 67.000.000 $

Estados Unidos es el líder planetario en pleitos civiles y su capital posee la más alta densidad mundial de abogados. Ello no garantiza una justicia sana y razonable, sino todo lo contrario. Casos como el que afecta la familia CHUNG, propietaria de una tintorería en Washington, son de una desproporción demencial, de un absurdo kafkiano, tal y como pasamos a exponer.

Sobre estos desdichados inmigrantes coreanos pende una demanda de daños y perjuicios por valor de 67.000.000 $ US. El motivo: haber perdido los pantalones de un cliente.

La increíble historia empezó hace dos años, cuando el jurista afroamericano ROY L. PIERSON, en vísperas de su primera jornada de trabajo como juez administrativo, decidió llevar sus pantalones favoritos a la tintorería de los CHUNG para que los ensancharan por la cintura. Cuando fue a recoger la prenda, ésta no apareció. Y allí comenzó una pesadilla de terror para los tintoreros, un suplicio que les está costando una fortuna en abogados y noches de insomnio, hasta el punto de querer regresar a Seul.

Al principio, PIERSON pidió 1.150 $ US por los pantalones y la chaqueta a juego aunque ésta no se extravió. Luego le pareció poco y puso en marcha un despiadado proceso legal. Los CHUNG le ofrecieron compensarle con 3.000 $ US. Más tarde subieron la oferta a 4.600 $ US y finalmente a 12.000 $ US. PIERSON siempre dijo no.

El insaciable juez estudió las leyes vigentes y descubrió que el cartel con la frase “satisfacción garantizada” que colgaba en las tintorerías podía proporcionarle una fortuna. Según las leyes de la capital, interpretadas en su extremo, un cliente que se siente insatisfecho puede reclamar hasta 1.500 $ US al día. PIERSON no dudó en aplicar esa cantidad a todos los días en que no ha podido disfrutar de sus pantalones, multiplicándolo por tres: las demandas son para CHUNG padre, esposa e hijo. El juez alegó que no disponer de los pantalones – de tono gris y con rayas rojas y azules – el día en que inició su trabajo le causó “sufrimiento mental, molestias e incomodo”. Por esos daños les exige otro 500.000 $ US, así como otro 500.000 $ US de gastos legales. Dado que no posee automóvil, PIERSON añadió una indemnización de lo más extravagante: el coste del alquilar un coche todos los fines de semana durante 10 años para llevar su ropa a una tintorería más lejana que la de los CHUNG. El colmo de la situación es que los CHUNG aseguran haber hallado los dichosos pantalones días después de su extravío, pero PIERSON no los reconoció como suyos.

El escándalo es tal que “The Washington Post” le dedicó un editorial recientemente. Según el rotativo, la actitud de PIERSON “plantea serias cuestiones sobre su juicio y temperamento”. El Post pidió que se revise su idoneidad como juez, pues el personaje tiene también un historial de promover litigación excesiva en casos de divorcio.

La abusiva demanda contra los CHUNG ha reavivado el debate sobre la exagerada cultura del pleito en Estados Unidos, sobre unas prácticas que están quebrando la confianza entre las personas y envenenando la convivencia diaria. Son muchos quienes quieren acabar con esas demandas por daños y perjuicios que pueden convertirse en una verdadera extorsión sancionada por la ley. El temor a ser demandado hace que algunas escuelas no dejen correr a los niños, por miedo a que caigan y se hagan daño, y obliga a evitar el contacto físico entre profesores y niños (un abrazo podría ser interpretado como abuso sexual) o entre clérigos y feligreses. La tensión es especialmente alta en el ámbito médico, debido a las demandas multimillonarias por errores de diagnóstico. Eso encarece el coste sanitario y de los seguros, con grave perjuicio para la mayoría de la población.

En España, afortunadamente, estamos muy lejos de tal panorama. Continuemos así.